La decisión

V

Fui directamente con mi jefe y le dije, así clarito: necesito viajar por dos semanas. Motivos personales. Tomaré mis vacaciones.

Salí de su oficina sin voltear hacia atrás. Me estaba muriendo del terror, todo me temblaba pero ese lunes, después de enterarme de lo de los salarios y demás, me di cuenta de que tenía que cambiar mi actitud. Aunque me muriera de miedo (y me morí). Por la tarde llegué a la agencia de viajes, con mis ahorros en la tarjeta y un solo destino: lejos.

La señorita me miró con ojos de ternura y me preguntó que si no quería mejor un viaje a Europa, que seguramente me conseguiría un buen marido por allá. Mi primera reacción fue mentarle la madre y decirle que “quién pensaba que era yo”, pero mejor sonreí seductoramente con mi nueva actitud. Le dije que ahora necesitaba alejarme para inspirarme en mi nuevo guión, pues me dedicaba a hacer telenovelas y traía una idea en la cabeza.

-Verás, esa es mi forma de trabajar, prefiero hacerlo lejos y sola.

Su rostro cambió y me preguntó que quiénes serían los protagonistas. ¡Yo qué sé de actores de televisión!, pero recordé dos nombres: William Levy y Camila Sodi. Por supuesto, salí con un boleto, un gran descuento y la promesa dada de invitarla al estreno del primer capítulo.

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