Contando el regreso

XXXVIII

(Si respetamos la numeración que me salté en el anterior post que por motivos de apego respetaré con todo y la vergüenza que me podría causar, pero que ya no me causa porque… ¡no me importa que sepan que me alcoholicé!)

No era William Levy, no sé de donde saqué eso. Pero no van a creer lo que sí vi. En primera clase suceden cosas extrañas y supongo que todo es mucho más divertido e irreal cuando se está realmente ebrio.

Como adivinarán no es mi primera vez borracha, pero tampoco es algo que acostumbre hacer. Y menos volar en primera clase. Es otro rollo, tienen que vivirlo.

Todo comenzó cuando llegué al aeropuerto. Tim iba conmigo porque el bombón (se ha ganado el apodo, tenemos que reconocerlo) me dejó ahí hasta que pasé a mi Gate. Él volaba a su terruño medio día después que yo pero no me dejó ir sola. Dejé que se encargara de todo, literalmente, y lo más increíble fue el regalo de despedida que me dio: upgrade to first class. Sí, fue mi primera vez con los ricos y famosos y no pude más que recompensarlo con uno de los besos de premio: cariñito cuando se porta bien. Y más cuando vuelas en tres distintos aviones.

Ya feliz con mi entrada a otro nivel, decidimos tomar algo y tocar el tema que yo había evitado pero que no podría evadir más: los planes. Con las fiestas navideñas encima, ambos tendríamos que regresar al hogar materno para el festejo, pero prometió llamar cuando supiera qué seguía para él.

Yo le dije que sí a todo y lo único que tenía claro era que tendría un vuelo cómodo y placentero.

Algo así sucedió, porque todo pasó tan rápido y fue tan confuso. En el segundo vuelo unos gringos  se sentaron detrás de mí (el supuesto William Levy entre ellos), había una familia bastante encopetada a mi lado, señores tipo oficina más adelante y una señora rubísima con la cara que apenas podía mover de tanta cirugía o botox (ya no sé la diferencia) justo delante de mí.

Se presentó como “Leticia, pero llámame Susan” y fue la que me incentivó a beber y beber… y beber. No contaba con la astucia de que yo estaba realmente agotada de todo y que últimamente sólo he tomado cerveza. Entonces el whisky no fue buena idea. Recuerdo que tomamos mucho y hablamos de la vida y de sus exmaridos. Esta mujer, a pesar de ser evidentemente una cazafortunas, tenía mucho que aprender de las no buenitas. Anoté no convertirme en ella por lo que habrá que ponerle más empeño al asunto.

Después los gringos se unieron a la conversación y uno terminó besándola (¡a eso le llamo valor!) Yo caí rendida y tuve que ser despertada para el aterrizaje y el segundo trasbordo.

No les recomiendo viajar borrachos… es lo peor que hay. Y más cuando en el regreso a casa estás sentada junto a alguien que estoy segura era Sting y yo sólo quería era dormir. A Dios gracias, porque creo que lo único que pude decirle fue “You rock my World, daddy”… ¿¿¿¿daddy????

Ni cómo ayudarme. Le llamé papi a Sting.

Anuncios

3 Respuestas a “Contando el regreso

  1. bueno, si lo hubieras dicho en español (papi) no hubiera habido bronca!..

    jajaj

    ah! como me haces reir con tus crónicas…
    🙂

  2. jajaja bueno esto es una crónica estupenda
    entre ricos y famosos no hay tanta diferencia .. quizá uno es mas cínica y se emborracha y besa
    y para todo está mastercard

    😀

  3. Pertenecer tiene sus privilegios, besos tía Elsa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s