¿Y quién le va a dar clases?, ¿el profesor Jirafales?

XL

Entonces, para no dormirme en el autobús, me dispuse a ver la película que se mostraba en el monitor que bajaba emitiendo un extraño sonido. Odio quedarme dormida en los autobuses. Bueno, digo que lo odio pero lo que en realidad sucede es que me cuesta mucho trabajo dormir en cualquier cosa que se mueva.

En los coches… me da pavor que el chofer choque y perderme los últimos momentos de mi vida. En autobús no me da miedo chocar, pero sí ser atracados en alguna carretera. A parte, no me da sueño hasta 15 minutos antes de llegar a mi destino (situación que me irrita sobremanera). En el avión… no me acomodo en los asientos clase turista (¡¿quién puede?!). En tren… es demasiada la emoción de la experiencia como para desperdiciarla en los brazos del tal Morfeo. En barco… ahí sí está claro: dormir o vomitar todo el viaje. Mejor duermo.

Pero ahora iba en un autobús. Viajaba a la casa de mi madre. Mientras el camionzote estaba atascado en un embotellamiento, el señor de junto ya roncaba indiferente a lo que pasaba, con unos pulmones que no corresponderían a su avanzada edad, yo agradecía no compartir el asiento con ningún ser, me acomodaba y trataba de escuchar la película argentina que, de hecho, ya había visto años atrás. Pero entre el congelante aire acondicionado, el vecino sonoro y las risitas sospechosas de la romántica pareja de varios asientos atrás no escuchaba ni pío, por lo que decidí pararme y acercarme al conductor.

-Señor, buenas tardes….

-No puedo hacer nada, seño… esto no se mueve.

-Ah, no, no vengo por eso, es que….

-Mire nomás, ni pa´delante ni pa´tras. Algo pasó, segurito alguien se estrelló. O hasta habrán robado un banco.

No pude evitar echar una ojeada a mi alrededor. Mi mente me transportó a una escena cinematográfica en donde policías altos, musculosos… sexys, perseguirían a  algún ladrón con máscara de presidente de los Estados Unidos, y, claro, todos pasarían junto al camión creando gran conmoción. Pero nada sucedió. Ni el autobús avanzó, ni Bill Clinton cruzó corriendo.

-Ah, no… es que quería pedirle que le subiera al volumen de la película, porque no se escucha.

-Claro, dígame, ¿así está bien?

Asomé la nariz (y la oreja) a la cabina de pasajeros y  me encontré con varias miradas que me cuestionaban.

-Ándele, así ya se escucha bien. Gracias.

Mientras intentaba detenerme de los asientos para no tropezar con una bolsita de lunch tirada en el pasillo, el Señor Ronquidos (que claramente había despertado), me felicitó por ir y exigirle al chofer que avanzara. Por unos instantes me quedé en blanco.

-¿Perdón?

Y el hombre volvió a agradecerme mi acto heroico. Seguía sin entender y lo peor es que no podía quitar la vista de ese extrañísimo bigote, rasurado en los extremos hacia arriba… “Qué surrealista, ¿cómo hará para que le salga tan derechito?”, pensaba mientras regresaba mi vista a la pantallita.

La película ya se escuchaba claramente. Ahora sí, podía disfrutarla sin ronquidos… al menos por un par de minutos. “El Hijo de la Novia” había tenido un ataque al corazón y hacía recuento de su vida. Había decidido que tenía que rectificar su existencia; dedicarle más tiempo a sus seres queridos y darse la oportunidad de realmente vivir. Entre las decisiones que había tomado estaba la de mudarse a México. “No sé por qué me llama tanto la atención, pero quiero irme. Al sur, que es lo que más me gusta. Ahí la nena puede estudiar”, le decía a su ex mujer, quien, comprensiblemente, ponía cara de pocos amigos y le respondía: “¿Ir a estudiar a México? ¿Ir a estudiar a México? ¿Y quién le va a dar clases? ¿El Profesor Jirafales?”

En ese momento volví en mí. “¡¿Dijeron el Profesor Jirafales?!” Recordé todas las veces en que algún latinoamericano había dicho “¿Mexicana? ¡Ah! El Chavo del 8.” , y había tenido que sonreír ligeramente y asentir.

No, no es que sea una ofensa, pero en este caso la ex mujer del protagonista de la historia tenía toda la razón. ¿Qué sabía él de México? Sólo lo que le llegaba por los medios, es decir, puros prejuicios, puras etiquetas. (Antes no hablo del mexicano durmiendo a la sombra de un cactus tomando cerveza y vistiendo zarape)…

Pero las pedradas, los veintes, no se detuvieron ahí. No era sólo lo de los estereotipos lo que me llamaba la atención, lo que me habían llevado a ese estado meditativo. La ex mujer tenía razón. La solución… la solución no era huir… (casi me atraganto).

No sé si será la edad o… ¿es verdad que las películas cada vez se hacn más profundas?

Al llegar a mi destino tomé mis maletas y dejé el autobús. Mis pies comenzaron a ponerse firmemente sobre la tierra. De eso no cabe la menor duda.

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3 Respuestas a “¿Y quién le va a dar clases?, ¿el profesor Jirafales?

  1. Holaaa prejucios? los latinoamericanos? estas segura?, bueno no he visto la pelicula pero la buscare, y si bien puede ser que la solucion no este en huir tambien es cierto que aveces algunas personas les es necesario hacerlo para darse cuenta por ellas mismas que el problema son ellos, feliz navidad.

  2. que curioso.. hace poco reseñé esa película en mi blog : p

  3. Hay que agarrar fuerzas…

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