Recuento de ciberdatings

CCXX

¿A quién se le ocurriría ir de date a El Desván de Insurgentes? Pero es mi culpa, por darle el beneficio de la duda.

¿Quién te dice “en tu casa o en la mía” por mail sin siquiera haberte visto a la cara una sola vez (y al cuerpo, luego las caras son engañosas)?

¿En qué momento se inicia la química mailera y termina en la física?

¿Por qué habría que utilizar a un perro como barrera cuando una hermosa mujer se te acerca?

Afirmo, por escrito, que esto no es lo mío (pero ya nadie me cuenta).

Estatus de cuenta de match.com: CERRADO.

Anuncios

Ciberdating

CCXIX

  • Auto propio para llegar a la cita: listo.
  • Gas pimienta en la bolsa: listo.
  • Temas de conversación rompesilenciosincómodos: listo.
  • Zapato de tacón inmenso: listo.
  • Nombre real del susodicho que veremos en la tarde: ¡sabía que algo olvidaba!

No me está pasando

CCXVIII

¡A ver!, que alguien me explique. Nada más una se descuida un segundo y todos se enovian. No basta con que la hermana se haya casado, las mejores amigas están en relaciones serias y comprometidas (una, la otra no lo acepta, pero ahí sigue con el hombrecillo), no, no basta con eso. Una se tiene que enterar que el niño con el que saliste este mismo año ya se emparejó formalmente (“somos novios”, qué ñoños), los que te hacen ojitos tienen novias (no ñoños, estos son infieles ojo alegre nalga pronta) y justo ahora, ninguna amiga/tía/prima/mamá/hermano gay tiene alguien para presentarte. Y el back up rubiecito y siempre dispuesto ¡¡¡está desaparecido!!!

¿Qué sigue? ¿Que me inscriba a Match.com? (No es lo mismo que el cibersexo, recuérdenlo)

¿Habrá que pagar?…

Técnica infalible para deshacerte de…

CCXVII

Parece que morí, ¿verdad? Pero necesitaba un poco de espacio para estar conmigo misma y digerir todo lo que ha sucedido.

No, no me he retirado. Sí, aún me suceden cosas descabelladas que les he de contar.

Por ejemplo, hoy aprendí cómo deshacerte de un terrible outfit sin perder a una potencial amiga (o quizá quede en “buena compañera de trabajo”).

Entró a la oficina luciendo… algo que no sé ni cómo describir. Era… horripilante. Una especie de blusa, de esas como burbuja, que viene con resorte en los hombros y en la cintura, entonces todo el relleno puede, cubrirse o resaltarse. Era transparentosa y con mangas bombachas; con tiras doradas en el resorte y de un verde… bueno, con verde bastaría, ¿no?

Y fue como el grano peludo en el cachete izquierdo de alguien, ese que no puedes de mirar aunque tu conciencia te diga “vela a los ojos, vela a los ojos”. Me persiguió, me acosó y… Dios movió mi mano para ponerle remedio.

Fue a la hora de la comida, por andar jugando mi tenedor cayó justo en su plato de mole y eso fue un desastre.

Obviamente estaba muy apenada, aunque no lo pareciera porque no podía parar de reír. Le ofrecí comprarle algo para reponerle su inservibleacosachicasmodernasquesevistenconbuengusto. Y así, regresamos a la oficina, yo con 100 pesos menos, pero sin grano peludo que mirar. Ella, con una decentísima playera negra, comprada en descuento.

Todos felices.

El lugar más cool

CCXVI

Bueno, quizá no sea el MÁS cool, pero ¿a poco la ciudad de México no es un lugar estupendo?

Por ejemplo, en una misma noche, en un mismo lugar, te puedes encontrar a un rompecorazones, a una lesbiana stalker, a un geek borracho (creo que esto es lo peor), a un cincuentón caliente, un grupo de periodistas bebiendo como cosacos (porque es gratis y cómo desperdiciarlo), un grupo de hippies fumando mota en el baño, modelos depilados del pecho, las cejas y los brazos que juran que no son gays, escritores famosos hablando de política y Twitter en la misma conversación, divas de tacón alto, poca ropa y pretendiendo ser mejores que todos en la sala…

¿Quién querría vivir en otro sitio?